København

         Bueno, llevo muuuuucho sin escribir por lo que tengo muuuucho que contar así que empecemos desde el principio y pongámonos al día ^ ^.

         El fin de semana último de Pascua Caro y yo fuimos a Copenhague. Estuvimos allí Sábado tarde, domingo y lunes muy de mañana. La ciudad preciosa y le dimos muchísimas vueltas al centro, incluso nos metimos en una ruta en barco de una hora por los canales de la ciudad con guía. También subimos a una torre  llamada "Rundetårn" desde la que se podía ver casi todo Copenhague por no aventurarme a decir todo, no era muy alta pero lo suficiente. Estuvimos andando por "Nyhavn" (Nuevo puerto) que es una emblemática calle de la ciudad con un canal en el centro, varios puentes que conectan ambos lados, casas de colores llamativos y barcos (barcos privados, barcos-bar, -restaurante, -hotel. . . ). Esa calle me recordó un poco a una ciudad de Andalucía a principios de primavera, el día era soleado y el sol calentaba un poco, había muchísimas personas andando, los bares y restaurantes se habían apropiado de la mitad de la calle con las mesas y sillas y la gente estaba sentada tomando algo o comiendo de cara al sol, mucho ruido de conversaciones. . . una calle con mucha vida. Me llamó la atención que las personas que vivían allí eran de razas muy variadas, había muchísima mezcla, no era tan fácil encontrarte con la idea de "persona danesa", que se puede tener, por la calle. 
Para resumir, paseos por parques que había muchos (aunque eso ya no me sorprende, por las ciudades que he visto por aquí es casi lo normal) y muy bonitos, Palacio Real, Ayuntamiento, Ópera, visita a "La Sirenita" (de los iconos que más representan a la ciudad), iglesias de piedra de color oscuro con campanarios altos con detalles en metal ya un poco oxidado-verdoso que les daba un aura especial (debo decir que aquí en Gotemburgo también hay algunas que no tienen nada que envidiarles ^ ^), el castillo de Christian IV: Frederiksborg Slot, la ampliación de la biblioteca real llamada "El diamante negro" (que sí, que podía parecer un diamante negro, pero a mi no me gustó demasiado ¬ ¬, en mi memoria quedó como un enorme bloque monstruoso cubierto de cristales negros que reflejaban la luz con un bonito nombre bohemio, claro que eso está en el gusto personal. . . ), edificios varios con torres curiosas e incluso pintorescas. . . bueno y blabla, pongo fotos en el álbum de la derecha arriba del blog para que las veáis que es más bonito y más entretenido ^ ^.

          Como anécdotas pues algunas que otras sí que hubo:
          La primera el primer día nada más llegar al hotel. La habitación, primera planta, resultó tener una vía de tren a unos 4 metros de la ventana. Cuadro para no haberse perdido el que protagonizamos Caro y yo cuando ella abre la ventana y al rato pasa un tren a una velocidad considerable, que pareció tardar el doble de tiempo del real, mientras ambas nos mirábamos con caras como si alguien acabara de decirnos que Zapa... (jeje es broma, nada de política en este blog), como si hubiésemos abierto la galletita de la fortuna del chiste típico del chino de “no era pollo” (http://www.bienvenidots.com/uploads/images/ui4327_no-era-pollo.jpg), algo como: O.o. . . . . . .  . Cuando lo contratamos en la web, no ponía nada al respecto, pero al quejarnos el recepcionista nos dijo que ese es el tipo de habitación que habíamos pagado (a lo cual le dijimos que no ponía nada de vía de tren al contratar el “tipo de habitación”), que las otras además de más caras estaban llenas (sí, claro. . .  ¬ ¬), y que nos regalaba unos tapones para los oídos. Los tapones los cogimos, aunque yo ya traía unos míos, pero bueno por lo menos que me regalara algo, y en ese momento ya tenía planeadas hasta las toallas por fastidiar :P. En fin, luego resultó que los trenes paraban durante la noche a partir de las 12, que con la venta cerrada estaba todo realmente bien insonorizado y ni yo tuve problemas con los trenes, pero la situación inicial fue divertida. . . jeje sí, divertida, en serio, yo ahora me río bastante jajaja. Las toallas se quedaron en su sitio y el desayuno estaba muy bien. Eso sí, la decoración de los pasillos del hotel tenía un poco de recochineo, el pasillo era como andar por el pasillo de un tren, las puertas de las habitaciones imitaban a las puertas de los compartimentos y la mayoría de los cuadros estaban relacionados con trenes o estaciones.
          La segunda anécdota sólo la protagonicé yo ^ ^. Ocurrió en las afueras de unas mansiones donde se aloja la familia real, el Palacio de Amalienborg. Las mansiones están en círculo dejando una plaza en el centro. Había bastante gente por allí, los guardias andaban casi entre la gente pero siempre pegados a las paredes y siguiendo un paso constante. La gente haciendo fotos y Caro y yo pues también. Nos acercamos a unas “casitas” de madera donde se colocan los guardias cuando dejan de marchar, a uno de los guardias creo que le pareció que nos acercábamos demasiado (os aseguro que aquello estaba lleno de gente que se acercaban y hacían fotos, no había ni carteles ni control) y de repente escucho “¡eeeh! ¡eeeh! ¡eeeh!” miro hacia la voz y era uno de los guardias que nos hacía como señas de que nos apartáramos. Situación curiosa, toda la plaza mirando a ver qué pasaba. Bueno pues nos apartamos, y seguimos como si nada. . . Luego, como hacía calor pues me quería quitar la rebeca, así que apoyé la bolsa una pared de uno de los edificios en el que se podía entrar (lo prometo había gente entrando, turistas), sin alejarme empecé a quitarme la rebeca y. . . “¡¡eeeh!!” se desgañitaba el hombre otra vez. . . ¬ ¬ “¿y ahora qué pasa?” Otra vez con la mano haciendo ya casi espavientos, la gente miraba como extrañada sin saber qué pasaba. . . narices ni yo, T.T. . .  ¿pero es que tengo cara de peligrosa? En fin, me aparté y nos fuimos de allí antes de que me arrestaran que a mi ya me habían reñido dos veces. El guardia real ese me cogió manía.
          Ya para acabar, el último día, cuando nos íbamos en el metro-tren de Copenhague hacia la estación de tren (el cuál lo cogimos a toda prisa a las 7:20 de la mañana y que no sé ni cómo conseguimos comprar el billete en esa máquina extraña que tenía como 6 tipos diferentes de billetes con nosequé de unas áreas de la cuidad y blabla), pasó el revisor. Con toda la confusión no sabíamos si al final habíamos comprado bien el billete (creo que al final optamos por el más barato y santas pascuas) así que os podéis imaginar, otro cuadro: Caro y yo con cara de niñas buenas extranjeras intentando escudriñar cada gesto minúsculo de la cara de ese señor tan. . .  grande. De repente nos dice "Pasaporte", y yo, "Mier.. digooo cachis, que no tengo pasaporte" O.o, nervios del momento porque no hace falta pasaporte, sobraba con el DNI. Le dimos el DNI y nos echó una charla sobre que el billete no era correcto y blabla. . .  Nuestras caras debieron ser un poema porque el chico (grande) nos miró un poco con cara de "bueeeno, pero que sea la última vez" y nos dijo cómo teníamos que hacerlo correctamente para la próxima (que no podía haber próxima porque nos íbamos, pero eso él no lo sabía).
          En fin, después del medio susto, ese último día, lunes, teníamos planeado ir a Malmö, por eso salimos temprano, pero no salió muy bien. . .  digamos que el resumen fue que nos bajamos allí no había nadie nadie nadie por las calles, arrastramos la maleta como 30 minutos hasta una torre de unos 200 m de altura para nada, porque no nos dejaron subir, y a la vuelta para atrás, intentando poner interés por lo que nos rodeaba decidimos que mejor nos comprábamos un billete anterior para volver. Yo creo que lo de la. . .  hermosa torre retorcida (no es una metáfora, es retorcida) nos quemó un poco. Bueno, pero el detalle de Malmö fue algo superficial, realmente el viaje nos dejó buen sabor de boca. Por cierto que entre Malmö y Copenhague cruzamos un puente llamado “El Puente de Oresund”, que tiene una longitud de casi 8 kilómetros por encima del mar casi en su totalidad ¿Os imagináis pasar por ahí un día de tormenta y marejada? O.o mejor no jeje.

          Copenhague es una ciudad preciosa que recomiendo a todo el que pueda pasarse por estas tierras. Lo más importante lo puedes ver en un día y la arquitectura es digna de observar (que con los años he descubierto que es de lo que más me interesa cuando visito un lugar junto con la historia).
          Rondando las 7 de la tarde, el autobús entró en la estación de Gotemburgo. Curiosa sensación al entrar por la puerta del apartamento: De vuelta en “casa” ^ ^.

2 comentarios:

  1. jajaja Me parto con lo del guardia real jejeje Te cogió manía mmm... XD jejeje

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  2. Uff la verdad es que terminé creyendo que sí jajaja con la cara de poco peligrosa que tengo ya :(

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